Un limbo sin fin, muerto, sin razón, insensible...
La sombra de aquella alma tenuemente abrazó la única
esperanza de sobrevida.
El pasado hizo señas con promesas de dicha recuperada
pero lágrimas anublaron la aparición
y pesadillas de realidad levantaron su terrible rostro,
golpeando hasta la sumisión, desprecio,
dejando sólo fantasmas de lágrimas por llorar.
Una niña, por largo tiempo presa, hambrienta, sucia, miserable
y golpeada...
Liberada y restaurada a salud con bálsamo y amor,
una chispa de amor y belleza lentamente crece y florece.
Todavía las cicatrices del pasado quedan a perseguir y afligir
su tierno corazón...
Se estremece, una lágrima regresa,
una pausa a atender heridas lentas a sanar...
Luego esperanza de nuevo
al contemplar a Aquel que llevó nuestras heridas
que nos libran del cautiverio.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy. (1 Cor 15:10)Concurro en que todos ocupamos alguna posición en el espectro del género, y que somos lo que somos por la gracia de Dios, no por ningún error divino. Nosotros intersexuales emocionales y nuestros hermanos y hermanas intersexuales físicos todos somos hijos de Dios, y nadie quien se sienta incómodo con nosotros tiene el derecho de forzarnos a un u otro extremo del espectro de género.
La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. (Heb 4:12-13)La mirada de Dios penetra la camisa y pantalones, o la blusa y falda, y por cualquier manera de cuerpo que tenemos hasta nuestras meras almas desnudas, y El sobrepasa nuestros prejuicios seculares y culturales.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:24)Sobre todo El desea nuestra adoración en espíritu y verdad, y la verdad exige que seamos honestos y abiertos ante El y entre nosotros mismos.
Mirándome fijamente desde aquél lado lejano del espejo
Su cara débil reveló sorpresa, ni menos,
Mirando mis dedos sentir mi cara, mientras él sintió
la suya,
Nuestras caras se juntaron en la realidad.
Aunque la memoria de aquél tiempo perdure,
Ahora verdadera, esa cara brilla con amor para la vida
Y la belleza que los ignorantes no quieren apreciar.
Gracias a Dios por Su amor que nos libró de la muerte.
Amo al Señor, pues ha oído mi voz y mis súplicas.
Clemente es el Señor y justo. El Señor atiende
a los sencillos.
Pues Tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de las
lágrimas, mis pies de resbalar.
Andaré delante del Señor en la tierra de los vivientes.
Tomaré la copa de la salvación. Siervo suyo
soy.
(Salmo 116:1,4,6,7,9,10)
Cirro era típico de su clase; se mantenía bien retirado
de los demás y asumía los aires finos de la clase alta.
Miraba con desdén hacia el cúmulo de los de abajo con
sus tormentas diarias.
Cirro gozaba de su altura, andando dondequiera que los vientos de la
fortuna le soplaban.
Estaba contento con su libertad hasta un día en que miró
hacia abajo y le atisbó a Estrata.
El rayo de amor le tocó a Cirro y se dió cuenta de la
tristeza de su soledad.
Cirro sintió el calor que emanaba de Estrata, pero el no pudo
acercarse debido a su frialdad.
Por fin, logró llamar su atención. Estrata, quien
era bien formada, le miró y dijo: 'Aléjate, flaco.
Pareces un hilo.'
Chocado por el rechazo inesperado, Cirro se miró y vio la verdad.
Al quedarse alto tanto tiempo se había convertido en hielo y
jamás podría dar calor.
Su espíritu se derritió de desesperación y Cirro
fue a llover en tristeza...